La mismísima Dolores Haze (Sue Layton), según el maestro Kubrick.Pero, a todo esto ¿Qué es una nínfula?
La máxima autoridad en la materia, Vladimir Nabokov, nos dice: "Entre los límites temporales de los nueve y catorce años surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana sino de ninfas (o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas.'' Es decir, una nínfula es una criatura que no por ser pequeña o joven, deja de ejercer una atracción irresistible. Justo como un sol. Un sol pequeño, en este caso.
¿Por qué escribo esto? Quizá sólo para dejar por escrito, una fuerte creencia, con tintes de superstición. La literatura es cabrona.
Justo cuando escribí el blog anterior, cuando en un arrebato de frivolidad pensé que una pequeña estrella, con su propio sistema solar, merecía llamarse Nínfula; ese día me encontré con una feria de libros en la calle. Ahí, di con un ejemplar de Lolita de Vladimir Nabokov, que compré a un precio nada despreciable (¿qué podría ser despreciable en una novela titulada Lolita?). Minutos después, di con otro libro –en este caso nuevo, envuelto en celofán- que me llamó la atención: Cinco mujeres, de Juan García Poce. La literatura es cabrona, al desenvolver el libro y abrirlo me encuentro con que el primer capítulo se titula “Ninfeta”. Ahí no termina mi asombro, la primera línea del texto sentencia: “Santiago no había leído a Nabokov, pero sabía que era una Lolita”. ¿Casualidad? Quizá, no lo se.
Como Santiago, el personaje de García Ponce, yo no he leído Lolita (también como él, sí se lo que es una de estas criaturas, vaya que si lo se) pero en eso estoy, en devorarme el libro, que dicho sea de paso, tras el “prologo”, comienza con un párrafo hermoso y perfectamente escrito:
La máxima autoridad en la materia, Vladimir Nabokov, nos dice: "Entre los límites temporales de los nueve y catorce años surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana sino de ninfas (o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas.'' Es decir, una nínfula es una criatura que no por ser pequeña o joven, deja de ejercer una atracción irresistible. Justo como un sol. Un sol pequeño, en este caso.
¿Por qué escribo esto? Quizá sólo para dejar por escrito, una fuerte creencia, con tintes de superstición. La literatura es cabrona.
Justo cuando escribí el blog anterior, cuando en un arrebato de frivolidad pensé que una pequeña estrella, con su propio sistema solar, merecía llamarse Nínfula; ese día me encontré con una feria de libros en la calle. Ahí, di con un ejemplar de Lolita de Vladimir Nabokov, que compré a un precio nada despreciable (¿qué podría ser despreciable en una novela titulada Lolita?). Minutos después, di con otro libro –en este caso nuevo, envuelto en celofán- que me llamó la atención: Cinco mujeres, de Juan García Poce. La literatura es cabrona, al desenvolver el libro y abrirlo me encuentro con que el primer capítulo se titula “Ninfeta”. Ahí no termina mi asombro, la primera línea del texto sentencia: “Santiago no había leído a Nabokov, pero sabía que era una Lolita”. ¿Casualidad? Quizá, no lo se.
Como Santiago, el personaje de García Ponce, yo no he leído Lolita (también como él, sí se lo que es una de estas criaturas, vaya que si lo se) pero en eso estoy, en devorarme el libro, que dicho sea de paso, tras el “prologo”, comienza con un párrafo hermoso y perfectamente escrito:
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar al apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.”
Como colofón a todo esto, hoy encontré un blog muy interesante –Dural- con un breve ensayo al respecto.
¿Qué mensaje me está dando el destino con estás nínfulas que se me presentan reiteradamente? ¿Acaso me rondan los fantasmas de Vladimir Nabokov o de Stanley Kubrick? ¿O me ronda acaso la presencia perturbadora de una infanta terrible, una femme fatale de tobilleras en las pantorrillas? ¿Me orillará esta mujer, aun desconocida, a cometer locuras, pendejadas y atrocidades (cómo si no fueran suficientes las que hago por mi mismo)?
No se pierdan, queridos amigos, el desenlace de este episodio en la vida de su servidor y amigo. Porque alguna trascendencia deben tener estas señales, lo sé. ¿Por qué? Porque la literatura es cabrona. Por lo pronto, cuando termine de leer la novela, ya les daré mis impresiones.